Cargás el contenido en un formulario común y corriente, y Plani-Ya te devuelve la página de cada clase: con colores, secciones ordenadas y todo en su lugar. Después la llevás a tu aula virtual, o te la descargás como archivo.
Gratis y libre para cualquier docente. Un solo archivo, sin instalar nada.
Te lleva a esta misma página, donde están Plani-Ya, la guía completa y la hoja de una carilla.
No tocás nada que parezca código. Completás campos, mirás cómo va quedando del otro lado de la pantalla, y al final copiás el resultado.
Cómo se llama tu materia, cuántas clases tiene, de qué tipo es y qué colores querés. Todo se puede cambiar después.
Escribiéndolo, pegando lo que ya tenés, generándolo con ChatGPT o arrastrando las carpetas de material. Cuatro caminos, el mismo resultado.
Un botón copia la clase entera, lista para pegar en tu aula virtual. O te la descargás como archivo y hacés lo que quieras con ella.
Plani-Ya no da por sentado que tengas videos propios, laboratorio ni prácticas de taller. Hay cinco configuraciones armadas de fábrica y podés modificar cualquiera.
Lo que produce es HTML común, con los estilos metidos adentro para que ninguna plataforma se los coma. Eso abre tres caminos.
Es donde nació y donde está probado, con cursos reales dictándose. Agregás un recurso de tipo
Página, entrás al modo código fuente con el botón
</> y pegás.
La guía lo explica paso a paso, incluido qué hacer si tu institución tiene ese botón desactivado.
Funciona en cualquier editor que tenga modo código fuente o vista HTML. Canvas, Blackboard, Chamilo y la mayoría de los gestores de contenido lo tienen.
No las probamos todas: si tu plataforma tiene ese botón, va a andar. Si no lo tiene, te queda el camino de al lado.
El botón Descargar te baja la clase como un archivo que se abre solo, sin plataforma de por medio.
Sirve para subirlo como recurso, proyectarlo en clase, mandarlo por correo o imprimirlo en PDF. Funciona sin internet.
Cuando armás dieciséis clases parecidas, los errores se cuelan solos: un tema repetido, una fecha del año pasado, un link vacío, un párrafo que quedó a medio escribir.
El revisor los busca y le pone una nota de salud a tu curso. En un curso real ya publicado encontró siete errores que habían pasado desapercibidos durante un cuatrimestre entero.
No hace falta saber cómo se le pide algo a una inteligencia artificial. Plani-Ya arma el pedido completo a partir de tu planificación, y después recibe la respuesta y la acomoda sola en la clase.
Alcanza con la versión gratuita. Son cuatro clics por clase.
Lo que devuelve la IA es un borrador y hay que revisarlo. Puede inventar una cita
o afirmar un dato falso con total seguridad. Los pedidos incluyen la instrucción de marcar
con [VERIFICAR] todo lo que no pueda respaldar — pero la responsabilidad de
lo que se publica sigue siendo del docente.
Empezá por Plani-Ya y la hoja de una carilla. El manual completo está para cuando te trabes.
Se guarda en tu computadora y se abre con doble clic, en tu navegador — como una página web, pero sin internet. Si Windows te pregunta con qué abrirlo, o el icono se ve en blanco, hacé clic derecho → Abrir con → Chrome (o el navegador que uses). No es un programa: no hay nada que instalar.
Se comparte libremente entre docentes. Podés usarla en tus materias, copiarla, modificarla, pasársela a un colega y adaptarla a los colores de tu institución. No hay licencia que firmar ni permiso que pedir.
Si la mejorás, contá qué cambiaste. Nació de una materia concreta resolviendo un problema concreto, y se hizo mejor cada vez que alguien la usó para algo distinto de aquello para lo que había sido pensada.